Volver atrás

Hogares unipersonales en la Ciudad de Buenos Aires: aportes, desafíos y perspectivas para un fenómeno en crecimiento



Dra. Paula Daniela Fernández Lopes[1]

Los hogares unipersonales constituyen un fenómeno de cambio social de mediados del siglo XX producto de mejoras sociosanitarias, aumento en las expectativas de vida, envejecimiento poblacional y un proceso de secularización de las relaciones sociales de género con la baja en la tasa global de fecundidad y aumento de la tasa de divorcios. A partir de estas modificaciones en los patrones de reproducción de las familias tradicionales se observa un crecimiento ininterrumpido de los hogares unipersonales en la República Argentina -particularmente en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires- desde la década de 1980: según el último Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas del año 2022, el porcentaje de hogares unipersonales alcanza un 24,8% para el total del país y un 39,1% para la Ciudad de Buenos Aires. El presente artículo se propone entonces describir y analizar los hogares unipersonales de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en función de los distintos contextos urbanos que la componen, sus dinámicas poblacionales, sociodemográficas y residenciales diferenciales, sus modernos patrones socioculturales, altos ingresos e indicadores favorables de salud, trabajo y educación.

Características demográficas y perfiles de residentes de hogares unipersonales

En décadas recientes, distintos procesos han generado cambios en la estructura, comportamiento de las familias y disminución del tamaño promedio de los hogares. La estructura de clases medias asalariadas así como los modernos patrones de procreación y nupcialidad de la Ciudad de Buenos Aires son completamente diferentes al resto del país (Torrado, 1993, p.201). En Argentina en 2017 la tasa global de fecundidad fue en promedio de 2,1 hijos por mujer y en 2022 llegó a 1,4 mientras que en la Ciudad de Buenos Aires alcanzó un 1,1 ese mismo año (Instituto Nacional de Estadística y Censos, en adelante INDEC, 2023) y 0,99 en 2024 (Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en adelante IDECBA, 2025).

Por otro lado, la esperanza de vida al nacer para el total del país al año 2023 es de 78 años mientras que en la Ciudad de Buenos Aires alcanza los 80 años (Registro Nacional de las Personas, en adelante RENAPER, 2024). Las mujeres detentan una mayor expectativa de vida con 82 años frente a los varones  (77 años). Esto explica la proliferación en primer lugar de hogares unipersonales habitados por mujeres de 65 años y más, viudas e inactivas laboralmente, aspectos que como se ha mencionado, devienen de la mayor expectativa de vida que poseen las mujeres en relación con los varones del mismo segmento etario, un envejecimiento cada vez más activo e independiente físicamente, un menor porcentaje de adultos mayores institucionalizados (Oliveri, 2020) -como rasgo cultural e identitario del país y de América Latina- y mujeres con menor porcentaje de reincidencia o segundas nupcias en relación con los varones en esta etapa y tras la pérdida del compañero de vida (Fernández Lopes, 2023, p.161).

Si consideramos la tasa bruta de divorcialidad la misma ha aumentado de 1,1 en el año 2020 a 1,7 en 2025 (IDECBA, 2025). La tasa de nupcialidad decrece desde ese mismo periodo a 2025 hasta llegar a 3,1. En esta línea, existe un segundo perfil preponderante de residentes de hogares unipersonales, habitados varones adultos de 36 a 64 años mayormente separados o divorciados con una alta participación laboral. Las mujeres son las que suelen cohabitar el espacio con los hijos fruto de dicha relación tras la disolución de la pareja. Dentro del tercer perfil y con una menor concentración porcentual se encuentran los hogares juveniles de hasta 35 años cuya situación conyugal predominante es la soltería. Estos aspectos son concomitantes con la edad media al primer matrimonio por sexo que se aplaza cada vez más particularmente en varones con un poco más de 37 años al 2025, así como la postergación de la maternidad y el hecho de que las mujeres tienen su primer hijo a edades más avanzadas por el uso regular de métodos anticonceptivos para la planificación familiar: la edad promedio de madres primerizas en esta jurisdicción se mantiene arriba de los 31 años en el periodo 2021-2024 (IDECBA, 2024, 2025).

Hábitat y condiciones socioeconómicas de hogares unipersonales

Con una población de 3.120.612 habitantes (según el último Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas del año  2022 del INDEC) representa junto con el Área Metropolitana de Buenos Aires (en adelante, AMBA) cerca del 36% de la población total de Argentina. Si bien la Ciudad de Buenos Aires es el distrito más extenso y densamente poblado que detenta el mayor productoper cápita de Argentina e indicadores de desarrollo humano y entre los más elevados del país y de América Latina (Agú, 2017), existe una fuerte fragmentación socioespacial en barrios y comunas que forman el norte, sur y centro de la ciudad.

La concentración del empleo en el centro y norte de la Ciudad tiene relación con la alta dotación de infraestructura, mejor calidad ambiental y de servicios, lo que explica el mayor valor de las propiedades y del suelo -contrario a lo que caracteriza al sur y las zonas informales del centro de la Ciudad donde hay mayor presencia de asentamientos informales y villas (Caballero Duarte, 2023, p.9). La ciudad se caracteriza por una crisis habitacional con marcadas desigualdades en el acceso a la vivienda producto de un mercado de alquileres restrictivo, déficit de servicios básicos en barrios populares, densificación extrema y viviendas ociosas.

En las zonas con mayor concentración de la actividad y fuerte predominio de empresas terciarias y servicios de comercio, finanzas y administración, residen los individuos con mayor nivel de ingresos. Como bien plantean Margulis et al. (2007, p.56) el reducido tamaño de los hogares en la Ciudad de Buenos Aires, es una tendencia que se registra particularmente en los sectores más acomodados que son los que disponen de los recursos necesarios para asegurarse una vida solitaria y los gastos a afrontar. Sostener un hogar unipersonal requiere cierta autosuficiencia económica para la subsistencia, por ello es poco común encontrar este tipo de hogar en los deciles más bajos de la distribución del ingreso (Gallego y Vasco, 2023, p.114): del total de los hogares conformados por una sola persona o unipersonales, casi un 49% se distribuyen en la zona norte al año 2025 según la Encuesta Anual de Hogares (en adelante, EAH) de la Ciudad de Buenos Aires (IDECBA, 2025). Cabe destacar que desde el año 2020 el porcentaje de hogares unipersonales en las zona del centro y del sur crecen[2]. Este efecto puede verse permeado por un un estilo de vida unipersonal que se expande y también por un cambio en la fisonomía residencial de la ciudad con un encarecimiento de la construcción del metro cuadrado y lógicas del mercado inmobiliario que vuelcan sus inversiones hacia unidades monoambientales con un menor costo relativo pensadas para una sola persona mayormente inquilina.

La experiencia de vivir solo en la gran ciudad

Los lazos familiares siguen siendo los criterios centrales para la conformación de los hogares: el cambio social no se produce en la dirección de abandonar los lazos familiares sino a partir de una frecuencia mayor de mudanzas, de cambios en la composición del grupo familiar de convivencia y en la estabilidad temporal de la composición del hogar (Jelin, 2010). Abordar sentimientos y percepciones de quienes viven solos implica alejarse de los estereotipos simplistas que asocian la unidimensionalidad del hogar directamente con la soledad o el aislamiento. Experimentar el hogar unipersonal depende en gran medida de la ruta de entrada y los factores de origen del mismo. Los hogares unipersonales “intencionales” se componen mayormente de jóvenes que se independizan respecto de su familia de origen o adultos profesionales que eligen activamente vivir solos y priorizan su desarrollo individual. Para los más jóvenes resulta una etapa transitoria vinculada a las expectativas futuras de construir proyectos afectivos o familiares, pero desde un lugar de madurez previa. Los “accidentes no elegidos” son aquellos que surgen producto de eventos disruptivos de la vida como un divorcio, la viudez o el “nido vacío”. Los residentes suelen transitarlo inicialmente desde la pérdida, la nostalgia y la adaptación forzosa aunque con el tiempo esta experiencia puede transformarse en una resignificación de la propia autonomía.

El vivir solo es valorado mayoritariamente como un espacio de conquista personal, autonomía y emancipación. Los residentes destacan positivamente la capacidad de administrar sus propios tiempos, organizar el espacio doméstico según sus deseos y tomar decisiones sin necesidad de negociación previa. Desde luego el espacio vacío trae sentimientos contradictorios: mayor vulnerabilidad y desprotección ante imprevistos cotidianos -como una enfermedad o un accidente doméstico en jóvenes y adultos mayores de ambos sexos- y momentos de angustia vinculados a la falta de compañía inmediata sobre todo en varones mayores. En las edades más avanzadas para ambos sexos los sentimientos suelen vincularse más frecuentemente a la incertidumbre sobre el cuidado futuro y el temor a que el aislamiento residencial se transforme en un aislamiento social real si fallan sus redes de apoyo. Vivir solo -una condición habitacional y demográfica- no es lo mismo que sentirse solo. La calidad de los lazos afectivos externos, el entramado comunitario, la realización de actividades sociales y culturales que promete la Ciudad de Buenos Aires y la red de contención de amigos, familiares, vecinos son los factores reales que determinan si esa experiencia habitacional se vive como un refugio de libertad o como un espacio de aislamiento.


[1] Doctora en Sociología. Profesora Titular Regular de la Carrera de Sociología de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES). Autora del libro “Vivir Solo. Experiencias de residentes de hogares unipersonales de la Ciudad de Buenos Aires”, Editorial Imaginante: https://shortlink.uk/1wr32 Contacto:pauladafer@gmail.com

[2] Las transformaciones más relevantes se observan en la zona sur de la CABA. Mientras que en 2020 apenas un 17% de los hogares eran unipersonales, en 2025 casi se duplican con un 31%  según la EAH (IDECBA, 2025).

Copyright ©  Fundación Tejido Urbano – All Rights Reserved.

Desarrollado por
DASHBOARD Agency logotype