Tejido Urbano analizó la zona Gran Neuquén, que incluye a siete ciudades de dos provincias, muy interconectadas. Tienen el aumento de población y de superficie ocupada más importante del país, pero baja la densidad poblacional, lo que complica llevar servicios y afecta la calidad de vida. La necesidad de planificar.
Por Leonardo Herreros
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De la mano del fenómeno de Vaca Muerta y otros estímulos productivos, la capital neuquina y otras cinco ciudades interconectadas del Alto Valle de Río Negro y Neuquén han experimentado en menos de una déçada el crecimiento más importante del país, tanto en población como en expansión territorial. Sin embargo, este crecimiento ha sido a menudo desordenado y desigual, lo que ha puesto en tensión la provisión de servicios, tanto municipales como provinciales, y afecta negativamente la calidad de vida de sus pobladores, en especial en las ciudades más pequeñas.
Así por lo menos los determina un reciente estudio de la organización Tejido Urbano, que se dedica a analizar problemas de población, urbanismo y vivienda en todo el país. El director de la organización, el geógrafo y economista Fernando Álvarez De Celis, resume de esta manera el trabajo, que compara 2018 y 2024:

“Lo que vimos principalmente es, que de un estudio anterior sobre 31 ciudades del país que mide el Indec, la de mayor crecimiento fue lo que el Indec denomina “Gran Neuquén”, una categoría que abarca a Neuquén capital, Plottier, Centenario y las ciudades rionegrinas de Cinco Saltos, Cipolletti , Fernández Oro y Allen. Las toma en cnjunto porque en la práctica funcionan como una gran ciudad interconectada, solo que administrada por varios municipios y dos provincias diferentes. Entonces decidimos hacer foco en este área. Lo que descubrimos es que en esta zona crece más la expansión geográfica que la densidad poblacional, con lo cual se da lo que llamamos un ‘mal crecimiento’ urbano, se desaprovechan espacios. Y además esta expansión es proporcionalmente mayor en las pequeñas ciudades que en las grandes, con lo cual sube un montón la presión sobre los servicios, en municipios que a menudo no tienen la infraestructura necesaria”.
Entre las conclusiones de la “Radiografía del crecimiento de la mancha urbana del área metropolitana de Neuquén” , están:
• El Área Metropolitana de Neuquén (AMN) ocupa una superficie urbanizada de 160 km2 (16.000 hectáreas). Los datos del relevamiento dan cuenta de un incremento de 20,1 km2 entre 2018 y 2024, es decir de un 14,4% en dicha superficie (2,4% anual). En términos comparativos, este incremento de la superficie del AMN equivale a toda el área del Parque Barda Norte, o una vez y media el porteño Puerto Madero, cada año.

• Los municipios con mayor “expansión absoluta” en esos años fueron Neuquén con 6 km2, luego Plottier (4,1 km2), Cipolletti (3,4 km2) y Centenario (3,2 km2). Allen, Cinco Saltos y Fernández Oro tuvieron aumentos de entre 0,7 y 1,4 km2.
• En términos relativos a la superficie que tenían en 2018, Fernández Oro aumentó 29,6%, Centenario 23,6%, Plottier 23,0%, Cinco Saltos 22,4%, Cipolletti 14,2%, Neuquén 9,1% y Allen 8,3%. Todos los municipios del AMN tuvieron incrementos a un ritmo mayor de 1,5% anual.

• En estos siete años la población en la superficie urbanizada del AMN aumentó 11,6% (2,3% por año). Los municipios con mayor crecimiento de población en términos relativos fueron Fernández Oro (26,7%) y Plottier (20,3%), con más de 20%, y en segundo lugar Centenario con 16,3% y Neuquén con 10,6%. Allen y Cipolletti crecieron en 7,3% y 9,0%.
• Si se analiza la expansión del territorio con el crecimiento de la población, todo el AMN perdió densidad, algo que no se ve de igual manera en otras ciudades argentinas. Su densidad bajó de 3.786 en 2018 a 3.695 habitantes por km2 en 2024. Cinco Saltos, Centenario y Cipolletti son los que más han perdido densidad (13%, 6% y 4,5%). Los municipios de Fernández Oro, Plottier y Allen tuvieron disminuciones comparativamente menores de su densidad (2,3%, 2,2%% y 0,9%) en contextos de una gran expansión urbana, mientras que Neuquén capital aumentó levemente su densidad (1,4%). Como referencia, en el mismo período el conjunto de ciudades del país aumentó su densidad 1,6%.

El documento destaca que la expansión horizontal que se produce en la zona “implica una serie de consecuencias negativas para la sustentabilidad de la ciudad, que se derivan de un uso menos eficiente del suelo urbanizado, costos incrementales para las infraestructuras y servicios urbanos, así como impactos ambientales diferencialmente mayores”.
Agrega que “la expansión horizontal suele darse mayormente a expensas de suelo en producción o potencialmente productivo agrícola o zonas boscosas. En términos de la economía urbana, esta modalidad de crecimiento implica importantes procesos de cambio de renta rural a renta urbana”.
En base a estos datos, Álvarez de Celis destacó que “lo que se ve claramente es un aumento de las ciudades más pequeñas, una expansión que va hacia la periferia, donde la población va tratando de llenar los vacíos urbanos. Por ejemplo, el incremento de la superficie del área metropolitana es el 14%, pero Plottier aumenta un 23%, en general oro un 29%, por citar los casos más importantes”.
Esto hace que las ciudades más pequeñas operan en muchos aspectos como “satélites” de la gran metrópolis Neuquén, y tengan un crecimiento más acelerado que la “ciudad madre” o centro, explica el geógrafo.
“Vos pensá que, por ejemplo, Fernández Oro en 6 años creció un tercio de lo que creció en toda su historia. Es muy difícil para un gobierno local planificar la infraestructura, servicios, transportes, escuelas y todo lo que imagines a esta tasa de crecimiento. Cuando se te expande la mancha urbana a ese ritmo, no tenés los servicios, porque hace 6 años todo eso era mayormente tierra rural. Lo que te muestra el trabajo es que seguramente, y está comprobado, no llegan todos los servicios de calidad urbana a los pobladores de estos lugares de expansión”, agregó el experto.
Al respecto, consideró central la planificación entre jurisdicciones algo que debería considerarse. “Se debería considerar una planificación para el crecimiento. Muchas de las expansiones urbanas no están reguladas, es uno varios loteadores que empiezan a crecer sin estar conectados al proceso de planificación urbana. La planificación debería ver hacia dónde va ese crecimiento para poder llevar la infraestructura. Y un tema que no es urbano, pero que también está atado a esto, es que muchas de estas expansiones afectan suelo de bosques o rural, de uso productivo. Ahí tenés otro problema problema bastante fuerte. Esto se ve en ciudades como Cipolleti, o Plottier, donde el suelo rural que está alrededor del ejido urbano es comido por la ciudad”.
Aunque en la región hay iniciativas aisladas de planificación urbana, el trabajo indica la necesidad de una mayor profundización de las estrategias entre provincias y municipios y sobre todo de cooperación entre las distintas jurisdicciones municipales para abordar problemáticas de población y de uso del suelo que son comunes.
“ No es que no se esté haciendo nada. Neuquén conformó un área metropolitana para pensar el crecimiento, tiene un ente como el Copade (Consejo de Planificación y Acción para el Desarrollo), ha trabajado con Río Negro el tema de las ciudades metropolitanas junto con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Si vemos los datos parece que no hubiera planificación, pero cuando uno analiza hay organismos que se encargan de que esto no pase así”, con lo cual hay una brecha entre ambas instancias, señala el geógrafo.
Uno de los problemas que detecta el trabajo es que parte de la planificación de varias ciudades no está atada a la infraestructura disponible o prevista en el corto plazo. “No se puede atar el crecimiento urbano solo a lo que definan los loteadores privados, las ciudades deben tener una estrategia de hacia dónde va acrecer la infraestructura y los servicios”, explica Álvarez de Celis.
Otro de los conceptos que debiera aplicarse, a juicio de este experto, es el “densificación urbana”. “El estudio te muestra que pese al crecimiento baja la densidad poblacional, al contrario de lo que se espera en la mayoría de las ciudades, que tienden a densificarse con construcciones en altura y la ocupación de espacios vacíos dentro de la ciudad. Acá hay una expansión hacia las periferias (muchas veces por el precio de la tierra), entonces la población debe trasladarse a distancias cada vez más grandes para ir a trabajar, para acceder a las escuelas o a servicios básicos deben viajar a los lugares centrales. En territorios de baja densidad el Estado y los privados no tienen capacidad para solventar infraestructuras, por los altos costos” explica.
En definitiva, lo que demuestra el estudio es que “ se necesita una mayor intervención y cooperación de lo público para tratar de ordenar todo lo que está haciendo mayoritariamente hoy el sector privado. Si lo público no ordena, los privados vana operar sin coordinación y las ciudades se expanden sin límites claros ni racionalidad. Entonces s encarece toda la provisión de servicios e infraestructuras. Te pongo un ejemplo: el paso del recolector de basura: no es lo mismo que deba viajar 5 kilómetros en ripio para recolectar en 20 casas que en un barrio cercano de 100 viviendas. O llevar electricidad o gas a esos lugares”.